A menudo nos dejamos llevar por el ritmo que nos va marcando esta sociedad del “𝘧𝘢𝘴𝘵 𝘮𝘰𝘷𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵”: 𝘧𝘢𝘴𝘵 𝘧𝘰𝘰𝘥, 𝘧𝘢𝘴𝘵 𝘵𝘩𝘪𝘯𝘬𝘪𝘯𝘨, 𝘧𝘢𝘴𝘵 𝘳𝘦𝘢𝘥𝘪𝘯𝘨, …
Las prisas nos invitan a ir más rápido, pero realmente qué conseguimos con ello: sentir que vamos a un ritmo que no nos permite conectar con el presente, con las tareas que vamos haciendo, ir a marchas forzadas, generar suficiente química en el cuerpo como para sentirnos estresados y con la sensación de que no controlamos nuestra vida, que vamos en piloto automático.
El impacto en nuestra salud
El pasado 25 de septiembre participé como ponente en el 𝗜 𝗖𝗼𝗻𝗴𝗿𝗲𝘀𝗼 𝗠𝗢𝗗𝗦, 𝗠𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗢𝗯𝗷𝗲𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗗𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗦𝗼𝘀𝘁𝗲𝗻𝗶𝗯𝗹𝗲, 𝗰𝗼𝗻 𝘀𝗲𝗱𝗲 𝗲𝗻 𝗚𝗿𝗮𝗻𝗮𝗱𝗮. Fue todo un regalo para mí que me invitase a tal evento.
Mi intervención versaba sobre 𝗹𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘂𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝟭𝟳 𝗢𝗗𝗦, 𝗮𝘀í 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼𝘀 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗿𝗮𝗽𝗶𝗱𝗲𝘇 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗵𝗼𝘆 𝗲𝗻 𝗱í𝗮. Cómo día tras día vamos acumulando estrés y lo vamos naturalizando: “Es que vivimos en la era de la inmediatez”, “es que debo ocupar todo mi tiempo para no sentir que lo pierdo”, “no voy con prisas, es que ando rápido”, “no estoy alterada, yo lo tengo controlado”, …
Nos han vendido la multitarea como la mejor manera de ser productivas. Pues bien, un estudio reciente descubrió que el efecto de la multitarea en el desempeño es comparable a conducir bajo los efectos del alcohol.
𝗘𝗹 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲́𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗹𝗼𝗻𝗴𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 nos va apagando día tras día: comienzan los dolores de cabeza que desencadenan en migrañas, anotar ideas a las 2, 3, 4, 5 o 6 de la mañana, insomnio, agotamiento mental, taquicardias, dolores en el pecho, en el estómago, desarrollar la 𝘏𝘦𝘭𝘪𝘤𝘰𝘣𝘢𝘤𝘵𝘦𝘳 𝑝𝘺𝘭𝘰𝘳𝘪, sensación de apatía, de tristeza sin causa aparente, evitar socializar, ….
Así acabé yo hace unos 3 años, yendo a toda prisa, 𝘀𝗶𝗻 𝗹í𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀, 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗹𝗼𝘁𝗼 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗺𝗮́𝘁𝗶𝗰𝗼 la mayoría de las veces, queriendo llegar a todo, viviendo para trabajar: oficina-casa-oficina. 𝗧𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲́𝗽𝗼𝗰𝗮𝘀 𝗺𝗮𝗿𝗮𝘁𝗼𝗻𝗶𝗮𝗻𝗮𝘀 de 10 a 14 horas diarias de lunes a domingo, sin pausa.
Llevando en el equipaje de vacaciones el portátil y el móvil del trabajo, sin desconexión.
Todo esto me llevó a desarrollar los síntomas que detallaba más arriba. No supe cómo parar hasta que un día el cuerpo se quedó bloqueado, era incapaz de articular una palabra.
Un mes, más o menos, después de ese episodio de bloqueo, escribí mi carta de renuncia a mi puesto de trabajo: o paraba o mi cuerpo me iba a parar. He visto a personas a mi alrededor parar tras sufrir un infarto, un derrame cerebral, no quería terminar así.
Al escribir la carta de renuncia comencé a poner límites: no a trabajar jugándome la salud física y mental.
𝗗𝗲𝗰𝗶𝗿 “𝗡𝗢” es, además de liberador, el primer paso para no sobrecargar la agenda de tareas que no son de nuestra competencia, que podemos delegar en otras personas, incluso pedir ayuda si somos la única persona en nuestro propio negocio.
El método PRAR
Os comparto lo que me ayudó a salir del laberinto en el que me encontraba. Lo he llamado el 𝗺𝗲́𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗣𝗥𝗔𝗥: 𝗣𝗮𝗿𝗮𝗿, 𝗥𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗮𝗿, 𝗔𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿, 𝗥𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿.
- 𝗣𝗔𝗥𝗔𝗥 nos ayuda a bajar la marcha, las revoluciones. Pisar el freno no significa perder el tiempo, sino ser conscientes de qué está ocurriendo.
- 𝗥𝗘𝗦𝗣𝗜𝗥𝗔𝗥 nos permite cambiar la atención del ruido mental a cómo respiramos de manera consciente. Hacer varias respiraciones lentas, llenando bien los pulmones, reteniendo y luego espirando de manera lenta y prolongada nos ayudará a relajarnos, conectando con el presente. Primera herramienta que me enamoró del coaching: la presencia, el estar estando.
- 𝗔𝗡𝗔𝗟𝗜𝗭𝗔𝗥 la realidad del momento: cómo noto mi cuerpo, qué siento, de qué manera estoy interpretando la realidad, cómo quiero desarrollar las tareas. Segunda herramienta del coaching que me fascinó: la escucha activa, sin juicio ni comparación.
- 𝗥𝗘𝗙𝗟𝗘𝗫𝗜𝗢𝗡𝗔𝗥 mediante preguntas abiertas. Tercera herramienta del coaching: el arte de la mayéutica que ya utilizaba Sócrates con su alumnado para que fuesen ellos los que hallaran las respuestas: Concretamente, ¿Qué es lo que quiero?, ¿Cómo quiero sentirme durante el día?, ¿de qué manera quiero estar durante la reunión?, ¿Cuándo pondré este objetivo en marcha?, ¿Qué cambio concreto me permitirá avanzar?…
No te olvides de cuidarte
Recuerda que ir a toda prisa, abarcar más de lo que realmente podemos realizar en las horas que nos marquemos nos generará estrés.
Os animo a 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗵𝘂𝗲𝗰𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗮𝗴𝗲𝗻𝗱𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗮𝗯𝘂𝗿𝗿𝗶𝗿𝗻𝗼𝘀, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗮𝗿, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗕𝗜𝗘𝗡-𝗘𝗦𝗧𝗔𝗥. Cuando sintáis que os vais dejando arrastrar por la corriente del estrés, recordad: 𝗣𝗔𝗥𝗔𝗥, 𝗥𝗘𝗦𝗣𝗜𝗥𝗔𝗥, 𝗔𝗡𝗔𝗟𝗜𝗭𝗔𝗥 𝘆 𝗥𝗘𝗙𝗟𝗘𝗫𝗜𝗢𝗡𝗔𝗥.
𝗥𝗲𝗴𝗮́𝗹𝗮𝘁𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗼𝗻𝗿𝗶𝘀𝗮 𝘆 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗮.









