¿𝗟𝗲 𝗽𝗶𝗱𝗲𝘀 𝗮 𝘁𝘂 𝗮𝗹𝘂𝗺𝗻𝗮𝗱𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘃𝗮𝗹𝘂́𝗲 𝘁𝘂𝘀 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲𝘀? Feedback: tu mejor aliado.
Generalmente el profesorado evaluamos el desempeño de nuestro alumnado, pero cuántas veces le pedimos a nuestros estudiantes que evalúen nuestras clases.
Recientemente he comenzado un curso de inglés comercial para jóvenes adultos con capacidades diversas en Aspace Granada. Tras las primeras clases les pedí que evaluaran las clases: ritmo, material, actividades, mi manera de dar las clases, y aquellos aspectos que echaban de menos en clase. El resultado ha sido muy enriquecedor, además lo hicieron de manera personal por email y en inglés 😉.
Es una de las prácticas que suelo realizar tras las primeras clases, ya que me da información relevante sobre las actividades que más les gusta, qué les está aportando más y cómo de cómodos se encuentran en clase. Suelo dejarlo abierto, sin preguntas a responder, ya que así me cuentan desde su perspectiva qué están viendo, cómo les está sirviendo y de qué manera se sienten en las clases. El nivel emocional es muy importante, ya solemos recordar mejor cuando la emoción está implícita.
Te comparto 5 claves que me ayudan a conectar con mi alumnado desde el primer día y hacer que las clases sean dinámicas y entretenidas:
𝗖𝗹𝗮𝘃𝗲 𝟭. 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲𝗰𝗲𝗿 «𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗲𝗴𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲».
En coaching utilizamos la alianza al inicio del proceso para establecer unas normas que tanto el/la coach como el/la cliente deben respetar. Se hace de manera concensuada entre ambas partes.
Esta práctica llevada a la clase crea un ambiente de participación conjunta desde el mismo nivel: profesorado y alumnado ofrecen ideas de normas y votan por ellas. Además, se propicia un entorno de seguridad psicológica donde las ideas son bienvenidas y los errores se convierten en aprendizajes. Todo suma.
𝗖𝗹𝗮𝘃𝗲 𝟮. 𝗣𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗼𝗿𝗮𝗱𝗼 𝘆 𝗮𝗹𝘂𝗺𝗻𝗮𝗱𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼.
Durante 10 años he trabajado con equipos y una de las claves que aprendí y que puse en marcha fue que el equipo se viera como un engranaje. Es primordial recordar al equipo que cada miembro es una pieza clave para que el engranaje funcione como una única entidad. Como los mecanismos de un reloj analógico.
Cuando le explico al alumnado que el esfuerzo de cada miembro repercute en el éxito colectivo, cambia la perspectiva: el ayudarnos unos a otros, empatizar con el ritmo y situación particular de cada persona, los intereses de cada miembro, … Todo forma parte del sistema.
𝗖𝗹𝗮𝘃𝗲 𝟯. 𝗟𝗮 𝗺𝘂́𝘀𝗶𝗰𝗮, 𝘂𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗴𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗵𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿 𝗮𝗹 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼.
Suelo utilizar un espacio dentro del aula para que el alumnado anote sus canciones favoritas en inglés. Con ellas hago una playlist que utilizamos para trabajar las canciones (cada estudiante prepara su propia canción con dudas de vocabulario, huecos a completar y me las envía por email para que las revise y haga las copias para la clase).
Además, estas canciones nos acompañan durante los descansos activos e incluso cuando están realizando trabajo en grupos pequeños.
El beneficio de usar esta playlist es que el alumnado se siente parte activa de la clase, protagonista cuando trabajamos con su canción, se siente escuchado y muy visible. Además, la música nos genera emociones al escucharla, lo que fomenta la memoria. Todo son ventajas.
𝗖𝗹𝗮𝘃𝗲 𝟰. 𝗝𝘂𝗲𝗴𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗿𝗲𝗽𝗮𝘀𝗮𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝗶𝗱𝗼𝘀.
Cuando introducimos el juego en clase, el sistema de recompensa de nuestro cerebro se activa: generando dopamina y predisponiéndolo a la acción, a la motivación, a la curiosidad y a la anticipación al logro. Durante el juego mantenemos la atención más tiempo, toleramos mejor el error, deja de ser una amenaza, y repetimos sin sentir fatiga cognitiva. Además, se activa el cerebro social: cooperación, turnos, negociación, se activa la empatía: la lectura emocional y su regulación.
Suelo hacer juego de tarjetas para repasar el vocabulario, el roleplay, juegos de mesa, adaptados al nivel y perfil del alumnado, atendiendo a sus gustos. Eso le confiere a la actividad mayor personalización. El alumnado se siente más atendido.
𝗖𝗹𝗮𝘃𝗲 𝟱. 𝗧𝗮𝗿𝗲𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗻𝘀𝗼𝘀 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀.
Tanto en mi trabajo como en clase suelo utilizar la técnica Pomodoro. Consiste en agendar tareas durante 25min (aunque se puede acortar o alargar según el perfil del alumnado o tareas) más 5min de descanso activo. Esta técnica me permite combinar tareas de mayor esfuerzo cognitivo con repasos con juego.
Los descansos activos ayudan a que el alumando se mantenga activo, sumar movimiento en el aula ayuda a que la atención cambie de foco y se tomen pequeños descansos para «resetear» el cerebro.
¿Qué clave o claves vas a poner en marcha en tu siguiente clase?
Recuerda que cada día trae una nueva oportunidad de conectar con tu alumnado, conocerle mejor y establecer un vínculo emocional que dejará una bonita huella.









