El ser compasivos con nosotros mismos nos ayuda a vernos desde una perspectiva más amplia, desde el exterior. Esta perspectiva nos ayuda a reconocer nuestros propios fracasos y desafíos como parte nuestra.
El ritmo frenético que hemos adoptado como sociedad nos hace enfrentarnos al día a día con un enfoque incesantemente competitivo. Mostrarnos compasivos puede verse como un signo de debilidad. Tal y como apunta la psicóloga Susan Davis: “está extendido el concepto erróneo de que necesitamos ser duros con nosotros mismos con el fin de seguir siendo competitivos”.
Beneficios de la autocompasión
Lo cierto es que aquellas personas que aceptan sus propios fallos y los reconfiguran como nuevos aprendizajes son las que tiene una mayor motivación para mejorar, para seguir creciendo como personas.
Además, este comportamiento compasivo suele estar asociado a hábitos saludables como son hacer ejercicios, comer abundante frutas y verduras, descansar y dormir al menos 8 horas diarias. Incluso el ser compasivo favorece el sistema inmunitario. “De hecho, alienta la conexión con los demás y las emociones positivas”, Susan Davis.
Practicar la autocompasión te ayudará a mejorar tu calidad de vida y la de aquellos que te rodean, ya que también te mostrarás más compasivo con ellos. Además, mejorará tu autoconcepto y autoestima.
Educación en la compasión
Inculcar esta emoción de compasión a nuestros alumnos o a nuestros hijos les ayudará a definirse de una manera nueva, más amplia y fluida, teniendo compasión por sus propios esfuerzos en un mundo donde hay cada vez mayor competencia.
¿Cuánto de compasivo/a eres contigo mismo/a? Te leo en comentarios. 😉









