¿Ser compasivos con nosotros mismos nos hace más débiles o perezosos?

El ser compasivos con nosotros mismos nos ayuda a vernos desde una perspectiva más amplia, desde el exterior. Esta perspectiva nos ayuda a reconocer nuestros propios fracasos y desafíos como parte nuestra.

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El ser compasivos con nosotros mismos nos ayuda a vernos desde una perspectiva más amplia, desde el exterior. Esta perspectiva nos ayuda a reconocer nuestros propios fracasos y desafíos como parte nuestra El ritmo frenético que hemos adoptado como sociedad nos hace enfrentarnos al día a día con un enfoque incesantemente competitivo. Mostrarnos compasivos puede verse como un signo de debilidad. Tal y como apunta la psicóloga Susan Davis: “está extendido el concepto erróneo de que necesitamos ser duros con nosotros mismos con el fin de seguir siendo competitivos”

Beneficios de la autocompasión

Lo cierto es que aquellas personas que aceptan sus propios fallos y los reconfiguran como nuevos aprendizajes son las que tiene una mayor motivación para mejorar, para seguir creciendo como personas. Además, este comportamiento compasivo suele estar asociado a hábitos saludables como son hacer ejercicios, comer abundante frutas y verduras, descansar y dormir al menos 8 horas diarias. Incluso el ser compasivo favorece el sistema inmunitario. “De hecho, alienta la conexión con los demás y las emociones positivas”, Susan Davis. Practicar la autocompasión te ayudará a mejorar tu calidad de vida y la de aquellos que te rodean, ya que también te mostrarás más compasivo con ellos. Además, mejorará tu autoconcepto y autoestima.

Educación en la compasión

Inculcar esta emoción de compasión a nuestros alumnos o a nuestros hijos les ayudará a definirse de una manera nueva, más amplia y fluida, teniendo compasión por sus propios esfuerzos en un mundo donde hay cada vez mayor competencia.

Cómo practicar la autocompasión en momentos difíciles

Ser compasivos con nosotros mismos no significa justificarlo todo ni dejar de responsabilizarnos. Significa reconocer que estamos pasando por un momento difícil y tratarnos con la misma honestidad y amabilidad que ofreceríamos a alguien a quien queremos.

Cuando aparezca un error, una preocupación o la sensación de no llegar a todo, podemos probar con estas tres preguntas:

  1. ¿Qué me estoy diciendo en este momento?
  2. ¿Le hablaría así a una persona que aprecio?
  3. ¿Qué necesito ahora para poder seguir adelante de una forma más saludable?

A veces la respuesta será descansar, pedir ayuda, reorganizar una tarea o aceptar que no podemos hacerlo todo a la vez. La autocompasión no elimina la exigencia, pero la transforma: nos permite aprender y avanzar sin convertir cada dificultad en una prueba de que no somos suficientes.

¿Cuánto de compasivo/a eres contigo mismo/a? Te leo en comentarios. 😉
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