El estrés laboral es uno de los temas más recurrentes que podemos escuchar cuando vamos paseando por la calle, en el transporte público, en el ascensor, en reuniones con amigos, familiares, … Si nos paramos a pensar en qué nos causa dicho estrés, en lo que queremos decir cuando estamos estresados por el trabajo podríamos filtrar la causa real del mismo: ¿me causa estrés el cúmulo de tareas, mi organización y/o planificación, el ambiente laboral de mis compañeros/as, el clima que crea mi jefe/a, la atmósfera que creo yo mismo/a, el no ver el fin al número de correos por responder o al número de consultas recibidas a través de las redes sociales? Las causas pueden llegar a ser muy variadas y acumulativas, sería bastante clarificador el plantearnos cuál o cuáles de ellas son las que más rebosan nuestro vaso para poder así tomar medidas al respecto.
El estrés forma parte de todos los seres humanos, algunos han aprendido a manejarlo (equilibrio entre las demandas objetivas y subjetivas de la persona), otros están en el proceso y muchos aún no saben cómo hacerlo (desequilibrio entre las demandas mencionadas anteriormente).
Qué es el estrés, tipos y ayudas
La definición de estrés según la RAE es “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos graves”.
Se han diferenciado distintos tipos de estrés: situacional, consecuente, psicosocial, reactivo, evolutivo, así como diferentes modelos explicativos: activación, sobrecarga ambiental, adaptación, descontrol de la situación, sistémicos.
En los últimos años se han implementado una serie de medidas legislativas y programas que se han ido implantando en las empresas para paliar los efectos del estrés laboral y dotar de mayor calidad de vida a los/as trabajadores/as no solo en materia profesional, sino también personal. Se insiste en la intervención desde la perspectiva psicosocial tanto individual (estrategias cognitivas) como estructural (modificando la cultura empresarial y los modelos de vida cotidiana). La figura del líder coach y/o el coach de equipos han ido ganando relevancia. A pesar de las medidas que se han ido adoptando, se considera como la enfermedad del siglo XXI.
¿Qué lo desencadena?
Los factores desencadenantes del estrés pueden ser muchos y muy variados, atendiendo a la situación laboral de cada trabajor/a. Si un/a cajero/a de supermercado ha sufrido un atraco con violencia, volver a retomar su puesto puede suponerle unas condiciones de bastante estrés. Estas condiciones distan mucho de las que pueda padecer un/a jefe de ventas de un banco o de una multinacional que está siendo presionado/a por alcanzar los objetivos trimestrales por su jefe/a inmediato; o bien un/a doctor/a que no puede atender a sus pacientes en el tiempo estimado que le conceden. Cada persona y cada caso pueden tener unas características muy diferentes, por lo que los factores estresores pueden ser igual de variados dependiendo de la situación laboral de cada uno. Sin embargo, todos tienen en común la alteración del estado psicológico de la persona al generar reacciones y respuestas emocionales, cognitivas, fisiológicas y del comportamiento.
Reacciones en el cuerpo
Para conocer mejor qué se siente y cómo se siente, analicemos cómo responde nuestro cuerpo ante una situación de estrés, ya sea real o inventada por el propio cerebro: cuando el cerebro detecta una amenaza o riesgo, estimula el hipotálamo, que produce “factores liberadores”, los cuales constituyen substancias específicas que actúan como mensajeros para zonas corporales también específicas. Estas substancias “mensajeras” viajan por el torrente sanguíneo hasta la corteza de la glándula suprarrenal que, bajo el influjo de tal mensaje, produce la cortisona u otras hormonas llamadas corticoides. A su vez, otro mensaje viaja por la vía nerviosa desde el hipotálamo hasta la médula suprarrenal, activa la secreción de adrenalina, estas hormonas son las responsables de las reacciones orgánicas en toda la economía corporal.
Cuando estas reacciones se producen de manera prolongada en el tiempo, puede ocurrir que la persona disminuya sus capacidades de respuesta debido a la fatiga que se produce en las glándulas del estrés, es decir, estaríamos en la fase de agotamiento: estado de gran deterioro en el que se reducen las capacidades de adaptación e interrelación con el medio.
Diferencias con el estrés
Según apunta la psicóloga Patricia Ramírez Loeffler (patri_psicologa) en su artículo “12 meses y 12 herramientas para vencer el estrés laboral”, “… la diferencia entre el estrés y la ansiedad es que el primero es un proceso de adaptación al medio y la segunda la respuesta fisiológica, cognitiva y conductual que damos antes esos estresores (…) El estrés prolongado daña nuestro hipocampo, la corteza prefrontal y la amígdala, y con ello la memoria, la atención y la concentración. Amén de todos los otros daños al organismo: problemas digestivos, problemas de sueño, cefaleas, caída de pelo, tensión muscular, hormigueo, sensación de irrealidad, opresión en el pecho, envejecimiento, práctica de conductas poco saludables (…), además, nuestro sistema inmune se debilita y aparecen enfermedades como anginas, herpes, catarros, gripes, etcétera”.
Si notas cualquier de estos síntomas quizás sea el momento de preguntarte ¿Qué se te está escapando de las manos?, ¿A quién podrías pedir ayuda para regular tu tarea?, ¿De qué manera puedes tener un mayor y mejor control de tu actividad laboral?, y, quizás, la pregunta más importante: ¿Cuánto estás dispuesto/a a sacrificar para seguir manteniendo el ritmo?, ¿Cuánto merece la pena?
Cuídate y piensa en tu salud
Recuerda que la salud es lo primero y que hemos tenido que padecer una pandemia para tomar conciencia de ello, que no se nos olvide tan fácilmente con la vuelta a la rutina.
Cuéntame tu experiencia, te leo en los comentarios. Gracias.









